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Un día en casa luego del asesinato del Presidente Kennedy ví a mi madre llorando y le pregunté, “Mami, ¿Qué te pasa?” Pero no recibí contestación alguna. Después que asesinaron al Presidente, frecuentemente veía a mi madre llorando y le preguntaba, “Mami, ¿Por qué lloras?” Sin contestarme, simplemente miraba hacia fuera por la ventana llorando aún más. Finalmente, un día ella me dijo que lloraba porque el Presidente estaba muerto. Pero algo muy dentro de mí me decía que ella lloraba porque mi padre le era infiel.
Mi padre tenía un buen empleo como contratista de residencias. A veces cuando él llegaba al hogar le pegaba a mi madre porque ella le reclamaba sobre las otras mujeres. Yo veía esto pero no podía entender en su totalidad lo que estaba pasando y sentía una lástima terrible por mi madre. Aún cuando mi padre cobraba un buen sueldo en su empleo, mi madre con frecuencia se levantaba de madrugada para ir a la fila de asistencia de alimentos porque no teníamos suficiente comida para diez personas, pues mi padre gastaba todo su dinero en otras mujeres.
La calle Dos estaba ubicada en un vecindario mixto donde predominaban los irlandeses, polacos, chinos, e hispanos. Dentro de este vecindario recuerdo claramente a una familia puertorriqueña con un pequeño niño llamado Willie. Uno de los muchachos chinos se llamaba Harry, el cuál era muy gordito y a la vez era más grande que mi hermano Mikey, quien era un año mayor que yo. En una ocasión, Harry trató de abusar de nosotros, nos fuimos corriendo pero él nos siguió. Corrimos hasta nuestra casa. Mikey entro mientras yo me quedé afuera maldiciendo a Harry. Cuando salió Mikey él tenía un tenedor y se lo tiró a Harry. Yo ví como el tenedor dio vueltas en el aire antes de quedar incrustado en la cabeza de Harry. Harry se fue corriendo y gritando para su casa con el tenedor sobresaliendo de su cabeza.
UNA VIDA JOVEN DE CRIMEN
“¿Consumiste todo el dinero de mí droga? Pues, quédate quieto porque te voy a entrar a tiro.” Gritaba esto mientras sacaba el revólver apuntándole a uno de mis tiradores de drogas. Iba a matar a Izzy, me había engañado con el dinero que me debía de mis drogas – mí dinero. Parado en una esquina de la calle con mi revólver en mano para dispararle.
De repente, sentí que alguien me estaba tocando en el hombro. “¡Tenía que ser la policía!” pensé. Rápidamente guarde el revólver en mi bolsillo y me giré. Para mi sorpresa era una anciana de cabello blanco y rostro resplandeciente. Le grité, “¿Anciana, que quieres?” Con su rostro brillante me entregó cuatro pedacitos de papel.
“¿Qué es esto?” “¿No puedes ver que estoy listo para matar a este individuo?” Entonces me dijo, “Joven, esos son unos tratados. Yo estaba en mí iglesia orando y Dios me dijo que viniera a esta esquina porque había un joven aquí a quien Él quiere salvar.”
Comencé a discutir con ella. “Con tanta gente, ¿Por qué te envía Dios hacia mí?” Mientras le decía que la odiaba, hice pedazos los cuatro tratados que me había dado y se los tiré, dándole en la cara con ellos.
Aterrorizada se giró para correr alejándose de mí. La corrí hacia el otro lado de la calle, expresándole mi odio. De repente se detuvo y giró su rostro hacia mí a la vez que me decía, “Jesús te ama.” Mientras decía esas palabras retrocedí. Una vez más le dije que la odiaba. Pero ella me respondió de la manera anterior, usando ese nombre y nuevamente retrocedí.
Dejé de amenazar a esta anciana de cabello blanco y comenzó a temblar todo mi cuerpo. De regreso a mi casa, mi cuerpo seguía temblando con un temor que yo nunca había sentido anteriormente.
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